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Papita, maní, tostón

Esta película es la última producción venezolana estrenada en las salas de cine de nuestro país durante el año 2013 y, si quieren mi opinión, difícilmente pudo haber sido de mejor manera. “Papita, maní, tostón” es una película fresca, ligera, divertida por montón y centrada en el tema más importante para el venezolano promedio: el béisbol, y la rivalidad que existe entre los dos mejores equipos del país: los majestuosos Navegantes del Magallanes (el equipo Campeón por supuesto) y los Gatitos Leones del Caracas.

Ésta es la ópera prima del realizador Luis Carlos Huek, una comedia romántica que juega un poco a parecerse a la tragedia shakesperiana de Romeo y Julieta, que cuenta la historia de Andrés, un caraquista furibundo interpretado por Jean Pierre Agostini, quien equivocadamente recibe entradas para la zona VIP del Magallanes donde conoce a Julissa, hija de uno de los directivos del equipo rival, magallanera hasta las uñas, y de quien se enamora perdidamente.
El guión es muy sencillo y encontramos la rivalidad deportiva conocida por todos pero exagerada a un nivel relativamente ridículo pero divertido de odio y desprecio por los fanáticos del otro equipo. Es una película, en palabras de su creador, “venezolanísima”, en la que todos los actores y actrices hacen un gran trabajo, encabezados por un Jean Pierre Agostini que hace creer a todos que practica la actuación desde el mismo momento de su nacimiento, y una Juliette Pardau que sencillamente enamora a lo grande. Mención especial además merece Miguel Ángel Landa quien nuevamente demuestra su alto nivel, y una genial participación de Budú (Tres Dueños), el cual ya nos tiene acostumbrados a sus naturales interpretaciones que quizás nadie pudiera igualar.
Por otro lado, lamentablemente está plagada de errores técnicos: objetos que desaparecen o cambian de posición entre una toma y otra; diálogos que se escuchan perfectamente pero nadie mueve los labios; voces amplificadas por micrófonos, pero no hay micrófono; obvias tomas hechas con pantalla verde que quizás pudieron haberse hecho mejor… Me parece tan solo una pequeña novatada del director a lo que simplemente hay que tenerle paciencia ya que no todo puede ser perfecto, ¿o sí?
En fin, pienso que todo venezolano debe ver esta película y no dudo que incluso se vean reflejados en la pantalla. Se van a reír hasta más no poder y se llevarán a casa un grato recuerdo acompañado de una gran lección de tolerancia. No se pierdan las escenas que acompañan a los créditos, son la cereza perfecta de un muy sabroso pastel.
Ahí lo tienen, “Papita, maní, tostón”, la última película venezolana del 2013, en Slow Motion.

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